domingo, 18 de septiembre de 2016

La desobediencia de mi lengua

Hace cuatro años que vivo en Usamérica, que me empeño en aprender  el inglés. Tiempo atrás lo estudiaba con desgano en el colegio. Nunca fui de las chicas que podían cantar canciones  en otro idioma, crecí habiendo escuchado poco. Ahora me esfuerzo, me esfuerzo cada día. Y oigo con envidia las palabras de mi vecina que  se deslizan como miel sobre su boca, las entiendo. ¿Y yo? No soy capaz de articularlas.  Invadida por la vergüenza y el temor,  esta lengua me desobedece, la siento como un animal vivo dentro de mi boca, indómito  y salvaje incapaz de someterse a las palabras ajenas.  A ratos entorpecida -como un pez avejentado  y perezoso que no puede nadar- se duerme. ¿Será esta rebelión  un  instinto  de supervivencia?