Bajo
la sombra de un limonero, en un hermoso día soleado como son los días en el sur
de usamérica, leo en el internet la terrible noticia que hoy
aqueja al otro sur invisible de mi país. La muerte de 39 niñas en el incendio de un albergue
en Guatemala de nombre "Hogar seguro" donde moran más de 600 menores de edad víctimas de violencia doméstica o abandono. La institución depende de la secretaría de bienestar social del gobierno. Según versiones de algunas familias de los internos la
mayoría de los niños están allí por problemas familiares o malos
comportamientos propios de la edad. En
las primeras y escuetas notas hablan del incendio iniciado deliberadamente por
un grupo de niñas. De inmediato pienso en una expresión de rebeldía de chicas
malas cuyo acto inconsciente acabó con la vida de tantas.
En las notas subsiguientes la información se va articulando con el testimonio de las sobrevivientes. Las niñas que iniciaron el incendio se habían fugado del albergue por malos maltratos, vejaciones y abusos sexuales constantes en el lugar, fueron recapturadas al día siguiente y en un acto de protesta incendiaron colchonetas; las habitaciones donde varias murieron estaban cerradas bajo llave.
En las notas subsiguientes la información se va articulando con el testimonio de las sobrevivientes. Las niñas que iniciaron el incendio se habían fugado del albergue por malos maltratos, vejaciones y abusos sexuales constantes en el lugar, fueron recapturadas al día siguiente y en un acto de protesta incendiaron colchonetas; las habitaciones donde varias murieron estaban cerradas bajo llave.
Me avergüenzo de mi primer
juicio, aventurado desde la burbuja de la comodidad. Y pienso en la inconmensurable indefensión de
todos los niños, en la imposibilidad de hacerse oír ante la injusticia. En el
trágico sacrificio masivo que supuso
ese acto de rebeldía para ser escuchadas.
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